martes, 17 de abril de 2012

Definición, historia y ecuación del Apocalipsis?.



¿Qué es el Apocalipsis? 

El Apocalipsis es el último libro de toda la Biblia. Y siempre ha sido un misterio para los seres humanos. Y como es un libro misterioso, ha sido motivo de muchas malas interpretaciones. También ha sido motivo de preocupaciones en todas las épocas, pues muchos han visto en él sólo destrucción y castigo. Apocalipsis significa “revelación”. 

El Apocalipsis es la revelación de Jesucristo a San Juan acerca de los acontecimientos futuros. ¿Qué se nos revela en este libro? Primero, que existe un mundo invisible para nosotros. En segundo lugar, que ese mundo invisible está -podríamos decir- separado de nosotros como por un vidrio, que es opaco de nuestro lado, pero transparente del lado invisible. “Ante el Trono se extiende un mar como de cristal transparente” (Ap. 4, 6). Pero lo más importante es que Dios, que conoce todo y ve todo aquí en la tierra, se ocupa de cada uno de nosotros y está pendiente de nuestra lucha contra el Mal. Adicionalmente, Dios se revela como el Señor de todo. El es “Rey de reyes y Señor de los señores” (Ap. 19, 16). Por eso no tenemos que temer nada. Porque al final triunfarán Dios y los suyos. 

 El Apocalipsis tiene un especial género literario: su género es apocalíptico. Es un género usado en tiempos de persecuciones. Es una literatura de resistencia que busca proporcionar esperanza a los perseguidos. En el momento que se escribió el Apocalipsis (90 a.d.), el pueblo cristiano sufría tremendas persecuciones. De allí que esté lleno de muchos simbolismos, imágenes, números, utilizados para mantener a los perseguidores en la ignorancia. 

 En el Apocalipsis los números son usados como símbolos. El siete, por ejemplo, denota la perfección (porque la cabeza perfecta tiene siete orificios). Pero el seis significa la imperfección, pues le falta uno de siete, como la ceguera, por ejemplo, que es falta de vista, es una imperfección. Y la máxima imperfección es el seis triplicado (666) que es el número del Mal, el número de la Bestia (Ap. 13, 18). Otro número mencionado en este libro es el doce. 

El doce es un número santo. Simboliza las doce tribus de Israel y los doce Apóstoles. Doce al cuadrado es 144 (plenitud), multiplicado por 1000 (gran cantidad) es 144.000. Esta cifra no significa, como predican algunas sectas, que sólo irán al Cielo 144.000 personas. La cifra es un número simbólico que indica una gran muchedumbre, como dice también el Apocalipsis: “luego vi un gentío inmenso, imposible de contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua ...” (Ap. 7, 9). Contrario al Milenarismo (condenado por la Iglesia Católica en 1944) que tomando Ap. 20, 3-4 en forma literal, proponía que Cristo reinaría en esta tierra por un período de mil años, el mil años significa un tiempo muy, muy largo y tiene una connotación de triunfo. El Apocalipsis es también un libro profético, de anuncios futuros. 

Anuncios inmediatos para los que vivían en el tiempo en que fue escrito, siempre en la línea de que los malos serían castigados y los buenos resultarían victoriosos y premiados si perseveraban en ser testigos de Cristo. El Apocalipsis también anuncia que lo que sucedía a los cristianos y a la Iglesia en el Siglo I, seguiría ocurriendo a lo largo de los siglos hasta el fin de la historia humana. 

En otras palabras, siempre habrá un “dragón rojo” y “dos bestias” persiguiendo a la Iglesia y a sus hijos. Pero, a pesar de los esfuerzos del dragón y sus secuaces, el Cordero (Cristo) y sus seguidores siempre triunfarán. 

 La profecía básica y constante del Apocalipsis es que siempre habrá persecuciones de los buenos por parte del Mal. Pero el Mal será castigado y los buenos triunfarán al final. 

Dios vencerá el Mal. Vendrá el Cielo nuevo y la tierra nueva. El mundo anterior en el que Dios ha sido rechazado, ya no será más. Dios vendrá a establecer su morada entre nosotros. Será un Reino de justicia y de gracia, un Reino de amor y de paz. (Estas ideas han sido tomadas del libro “Apocalipsis, el libro de nuestros tiempos” escrito por el Padre Albert Shamon en 1991). 



LA ECUACION DEL APOCALIPSIS 



Audrey Tomason, esa mujer misteriosa que apareció en la famosa foto con el equipo del Presidente Obama visionando la operación que acabó con la vida de Osama Bin Laden, en su tesis sobre la ecuación del apocalípsis, cree que un genocidio controlado sería mucho mejor para el mundo que una propagación del caos debido a una sobrepoblación que acabe con los recursos del planeta. 

Audrey Tomason, cursó su master en la Kennedy School de la Universidad de Harvard, donde su tesis fue declarada de utilidad para las agencias de seguridad de EEUU y gracias a la cual pudo ocupar un alto cargo en una de las agencias de inteligencia de los EEUU. El planteamiento de Tomason trata sobre la necesidad de un genocidio organizado en el que se utilizará el poder nuclear en áreas concretas para evitar que la población del planeta alcance los 10 mil millones de habitantes puesto que la cifra de población sostenible no debería llegar a los 2.000 o incluso quedarse en los 1.500 millones.

Tal y como analiza, la población sería ingobernable si tuviera que volver a una subsistencia basada en las necesidades básicas debido a la escasez de recursos por agotamiento de aquellos en los que se ha desarrollado nuestra civilización, lo cual supondría un riesgo tremendo por la ruptura de la ley y el orden. En su tesis ve como inevitable el colapso de la civilización y cree que los lideres mundiales deberían considerar la posibilidad de un genocidio masivo para reducir nuestra población mundial a un mayor nivel sostenible acorde con los recursos del planeta. 

Este escalofriante escenario comenzaría con un conflicto nuclear controlado que bien podría ser Irán o Corea del Norte, dirigido a centros de población importantes pero diseñado para limitar el poder de la radiación. El siguiente paso sería la liberación de agentes tóxicos, químicos y biológicos culpando de ello a grupos terroristas. Se crearían entornos de vida sostenible donde estuvieran protegidas autoridades, científicos, médicos, técnicos etc.. personas de valor que deberían estar protegidas mientras las masas mueren por millones. 

La conclusión que cualquier ciudadano puede extraer de esta tesis es la de una deriva incontrolada que está haciendo que los gobiernos con mas peso en el sistema internacional se vean sobrepasados por las consecuencias de la globalización y del desastre financiero y acaben asumiendo posiciones enfermizas y psicópatas a falta de soluciones con las que conducir el caos mundial al que han sido llevados los Estados. 

Un vacío político de consecuencias impredecibles es lo que parece gobernar al mundo que, a falta de gobiernos que tomen la iniciativa frente a los poderes financieros que son los que marcan la agenda, han quedado relegados al papel de subordinados a una política fría y calculadora proveniente de la economía, ciencia menos humanizada que trata como simples números lo que la política personaliza y humaniza. 

En este contexto surgen tesis aberrantes como la de la directora antiterrorista de Obama que ve en el genocidio la solución a la crisis planetaria de superpoblación. Pero antes del genocidio, la economía está siendo utilizada en ese proceso como instrumento de imposición de los nuevos poderes sin encontrar el más mínimo rechazo por parte de los gobiernos de los estados que, no solo obedecen sino que se convierten en cómplices de una invasión y un sometimiento a sus pueblos como nunca antes se había visto en la historia. 

He aquí donde reside el punto de inflexión y la línea roja que no debemos dejar traspasar. Nuestros gobiernos ya están tomando la misma deriva, comenzaron con recortes económicos que luego fueron recortes sociales y más tarde recortes de libertades. 

Si primero nos dijeron que debíamos aceptar la rebaja de nuestros salarios, después la congelación de nuestras pensiones, el retraso en la jubilación, la subida de impuestos, el aumento de los precios de bienes de primera necesidad, los desahucios, embargos, acoso y presión fiscal y por último el fin de las libertades con la elaboración de una ley que nos equiparará a los terroristas por el mero hecho de organizarnos para protestar por la deriva despótica y tiránica que está tomando el sistema, mientras llenamos los grandes agujeros causados por los bancos y cajas de ahorros, empresas públicas e instituciones del Estado, es que el Estado ha tomado partido por los poderes fácticos y ha olvidado al elemento fundamental de la democracia: el ciudadano. 

Lo demás será cuestión de un proceso de concentración de poder que reste libertades gradualmente y acabe, como no, con la puesta en práctica de la ecuación del Apocalipsis.

autor/ Carlos Rodríguez
fuente/ El Colectivo Burbuja

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