lunes, 19 de noviembre de 2012

Economía. El endeudamiento privado, el otro lado de la crisis.

 Gráfico de endeudamiento, Banco de España. (www.auditoria15m.org )

 
Horas y más horas, frases y más frases, todo para analizar el efecto que el endeudamiento público está teniendo en España y su crisis económica, pero ¿qué sucede con el endeudamiento privado?

El efecto de los medios de comunicación sobre el subconsciente colectivo -y sobre el consciente también, si uno se deja, claro-, está fuera de toda duda. Allí donde ponen el foco los medios, ese es el sitio al que se dirigen los debates, las opiniones y los estudios. Así ha sido una vez más en el caso de la crisis económica española. 

 "En la economía americana, para que el endeudamiento privado pasara del 100% del PIB al 200% del PIB se tardaron 22 años, mientras que en el caso de España pasaron tan sólo 8 años"

Las plumas, los altavoces y las imágenes se han orientado mayoritariamente en una dirección, hablar de la deuda pública, el desfase de las cuentas del estado, las autonomías y las corporaciones locales, además de la prima de riesgo; tres maneras de abordar un mismo tema: el papel de lo público en la crisis económica. Pero, ¿y lo privado?, ¿qué ha sucedido en ese ámbito en estos años?

Deuda pública versus deuda privada 
Lo cierto es que aunque se hable significativamente menos, en términos cuantitativos el papel principal de esta película debería tenerlo el endeudamiento privado y no el público. Véase, si no, el gráfico superior(1), que refleja, con datos a cierre del ejercicio 2011, el endeudamiento total de 9 de las 10 mayores economías en fase de madurez (con la ausencia de Australia y entre las que se encuentra España).

En la parte superior puede verse el total de la deuda como porcentaje del PIB para cada uno de los países representados (en el caso de España su deuda total es un 366% del PIB). En cada una de las barras se representa en color azul claro la deuda pública (la deuda del Gobierno), en color azul oscuro la deuda privada en manos de empresas y bancos, y en negro la deuda privada en manos de las familias.

Centrándonos en el caso de España, la deuda total a cierre de 2011 ascendía al 366% del PIB, y de ésta solo el 66% del total era deuda pública, el 300% restante, según datos del Banco de España, se lo reparten en tres cuartas partes las empresas no financieras y los bancos (es decir, el 225 %) y en una cuarta parte las familias (es decir, el 75 %).

Por tanto, para poner las cosas en su justo sitio, la responsabilidad del sobreendeudamiento español es esencialmente achacable al sector privado y no al público, especialmente a las empresas y bancos, y en menor medida a las familias.

Valga como ejemplo de la locura colectiva que se ha vivido en este país por el acceso al crédito fácil el gráfico donde se recoge la evolución del endeudamiento privado desde 1970 a 2010 en España, Estados Unidos y Alemania. Frente al ligero ascenso alemán, tendente a la estabilidad desde el año 2000, podemos comparar la trayectoria alcista de España frente a la de Estados Unidos. 

Un solo dato puede resumirlo todo: en la economía americana,  para que el endeudamiento privado pasara del 100 % del PIB al 200 % del PIB se tardaron 22 años, de 1984 a 2006, mientras que en el caso de España pasaron tan sólo 8 años, de 2001 a 2009, lo cual es una subida rápida…

Apalancamiento financiero

Este “palabro” perteneciente a la jerga financiera es esencial para entender qué ha pasado en nuestro país en estos años. De forma muy llana, el apalancamiento financiero en el ámbito empresarial (bancos aparte, donde hay un matiz que ahora veremos) refleja la ventaja que puede tener endeudarse.

Para una empresa siempre resultará rentable endeudarse cuando el dinero que pide prestado le cuesta menos que la rentabilidad que obtiene de aquello donde lo está invirtiendo (2). Pongamos como ejemplo una promotora (por seguir con el signo de los tiempos) a la cual el banco cobra un 5% de interés por el dinero que le presta para una promoción. 

En ese caso, si la promotora obtiene un 12% de rentabilidad de la venta de los pisos de esa promoción una vez terminados, descontados los gastos, impuestos y demás, obviamente le interesará endeudarse, ya que obtendrá un 7% de beneficio.

Esta lógica, simple como ella sola, es la que justifica la locura en la que hemos vivido estos años. Los precios de los inmuebles subiendo como si el mundo se fuera a acabar mañana justifi caban cualquier tipo de inversión porque la rentabilidad final siempre sería muy superior a lo que costaba el dinero que se pedía prestado. Y lo mismo para los particulares.

A esto hay que añadir, como en las buenas películas de intriga, lo que se conoce como el colaborador necesario, que es el papel que han jugado en España los bancos y cajas. La banca, como es sabido, funciona mediante el sistema de reserva fraccionaria (3), es decir, de cada euro que depositamos, mantienen solo una parte y el resto lo prestan. 

En estos años de la burbuja inmobiliaria, el coeficiente de reserva de los bancos en España estaba entorno al 0,05, lo cual significa que por cada euro que se depositaba, la banca creaba 20 euros de la nada que entraban en el sistema.

Si a esto unimos que la gestión de riesgos de las entidades se relajó sobremanera, aprobándose prácticamente cualquier operación de tipo inmobiliario, pues ya tenemos todos los ingredientes para que se formara el cóctel explosivo que nos estalló en las manos en 2008.

En el momento que el precio de los pisos dejó de subir, en el momento que el río del crédito dejó de fluir al mercado fue como hacer realidad lo que Hans Christian Andersen relató en su cuento El nuevo traje del emperador y la frase que el niño le dijo al verlo pasar: «¡Pero si va desnudo!».

fuente/ La Gran Época


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